Consiste en ser toda la vida unos zoquetes y aburrados individuos de pueblo oscuro y ancestral, dominado por la política del caciquismo local, cuyas madres "educan" a sus hijos en el bocata de embutido, el imperialismo vecinal, la bravería masculinista y la ignorancia total hacia el respeto al prójimo y a la realidad política y medio ambiental, entre otras muchas cosas que hacen de la convivencia en un pueblo, algo artificial y tenso, de lo que el novato residente termina asqueándose y tratando de buscar otro lugar donde residir, lejos de esas raras pero abundantes especies ó razas de seres igual al suyo (en apariencia física). Hablaba de pueblos, pero lo mismo puede encontrarse en barrios de grandes y medianas ciudades, aunque con variantes y novedades especiales igualmente insoportables y degradantes. No es de extrañar, pues, que algunos políticos ó gobernantes, pretendan rediseñar ese ó esos lugares -en el caso de los barrios- para "limpiar" el enrarecido y viciado ambiente, en los que mucha gente (ó quizá poca, en la práctica), nos sentimos muy incómodos, pese a las protestas de algunos vecinos defensores del aspecto "tradicional" del pueblo, barrio ó pedanía, en vano.
Caminante vecinal
02 julio, 2008
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