La humillación del doctor Luis Montes del hospital Severo Ochoa, en Leganés, que fue separado y expedientado del servicio, por supuestas negligencias, me recuerda a otra persona en otro tiempo, la diferencia es que a esta persona nadie le ayudó ni le defendió excepto un novato abogado de pago, el cual sólo le consiguió que no le impusieran un segundo y más largo como injusto y humillante, suspensión de empleo y sueldo, no por lo que supuestamente hiciera, dijese ó intencionase, sino, por las muy duras y claramente perversas y malévolas palabras ejercidas de modo traicionero, de quienes disfrutan de un "reconocimiento social" por su "profesión" y puesto jerárquico ó político, además del amiguismo y sus lame-posaderas de unos y de otros, además de la complicidad de un mediocre periodista de los que publican todo cuanto se dice en las reuniones del ayuntamiento, dándole su toque personal. Se quedó sólo porque no era "nadie", no tenía nada qué ofrecer; ni dinero, ni profesión, ni responsabilidad jerárquica, ni ninguna condición social tradicional ni convencional (pareja, familia, amigos, compañeros, clientes, etc.) que le respaldaran, en consecuencia, sus descerebrados y delincuentes verdugos señores de la guerra subliminal del lamer-ismo y el controlismo dictatorial, continúan disfrutando de la vida como si nada hubiera ocurrido y con el convencimiento absoluto de que actuaron como "debían".
Pero, más mal; mejor dejar quieto el asunto, antes que interesarse con hipocresía y con las mismas ideas que los necios espantajos que gozan de poder e influencia para destrozar las vidas de los más débiles e indefensos, porque lo único que harán es continuar alimentando la confusión, la ignorancia y la vanidad de los mencionados y de sus incondicionales. Es claro; tienes algo que ofrecer, tienes justicia; no tienes nada ni a nadie, eres un... y tienes que fastidiarte para el resto de tu vida.
Juancarlos G. E.

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