Cuando uno viene padeciendo alteraciones de salud y de moral, acompañados de ó como consecuencia de una prolongada temporada baja, ya sea por cuestión de los astros (como me decía alguien recientemente), ó por intereses malévolos ó interesados de alguien, por una economía débil ó por cualquier otro asunto, no viene nada bien, aunque sea con buena intención, que le sorprendan a uno, después de año y medio ó más, para una breve colaboración de un día en la que uno se da cuenta tarde de que por falta de un primer transporte público, para llegar a tiempo a la cita en un conocido pueblo a quince ó veinte kilómetros de la ciudad, en un segundo transporte público, no puede si no que crearse más preocupación a sí mismo por un compromiso que no puede cumplirse y que, a pesar de haber advertido con dos horas y medio de antelación de no poder asistir, uno tiene que leer un mensaje de que le estaban esperando. Pues, resulta de disgusto doble; el de no poder haber cumplido el compromiso, no falto de ilusión y el que se le moleste más, aunque no fuera la intención de ellos, más bien al contrario, fue una sorpresa agradable, que contasen con él. Pero, teniendo en cuenta lo mencionado al principio, ha resultado más una preocupación añadida que un placer por cumplir.
No obstante, uno y otro deben de poner de su parte; el exigente, para comprender y perdonar al exigido y, si cabe, ayudarle en lo que esté a mano ayudarle, en cambio, la otra persona, el exigido, ha de intentar salir del agujero, poniendo en práctica el dicho ese; “sin prisas, pero sin pausa”, tratando de aprovechar, en la medida de sus posibilidades, cualquier alternativa que se le ocurra ó le sugieran ó aconsejen otras personas.
Juancarlos G. E.
08 noviembre, 2007
MALA TEMPORADA, MALA ÉPOCA
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