La palabra que le faltó decir a Sebastiao (ver artículo en este blog), era la de “acoso”, es como se sentía él, ese día, el otro día y otros días, por causa de la persecución “discreta” de la policía a raíz de la perversidad verbal, escrita ó administrativa de quién sabe quien (por supuesto, alguien que goza de influencia social). Alguien que ya sea por su profesión relacionado con el público ó la clientela, ó alguien que sustenta un puesto jerárquico de peso, posiblemente en determinado ayuntamiento. Aunque también podría ser alguna dura crítica ó un especial comentario que alguien lo haya malinterpretado o que se haya sentido nombrado en el mismo. Sin embargo, por mucha democracia que digan que tenemos y la supuesta evolución de convivencia, lo cierto es que sigue en práctica la sombra de determinadas mentalidades ancestrales. Una sombra muy alargada y siniestra que está al acecho de todo lo que supuestamente vaya en contra de sus férreas ideas ó creencias, ensuciando el nombre de alguna persona ó personaje cuyo mensaje difiere ó difería totalmente de lo que practican dichas identidades ocultas ó explícitas, voten a quien voten en las urnas (si es que votan).
Juancarlos G. E.
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