Al parecer, y recopilando información de la memoria obtenida de los informativos, más un poco de “psicología”; hay dos grupos de “pederastia”: los que graban escenas, desnudos ó las partes sexuales de niños y los que abusan sexualmente de ellos sin interés en grabarlos ó fotografiarlos. De los primeros; los niños pueden haber sido obligados a desnudarse ó, peor aún, a tener relaciones sexuales con los individuos grabadores, ó, los niños podrían haber sido sorprendidos en algún momento, conscientes ó no de ello. En el segundo grupo; los hay que se hacen pasar por lo que sea para tener contacto con los niños con el fin de obtener un contacto sexual con ellos y, peor todavía, los hay que no se complican y van directos y los fuerzan a tener relaciones sexuales con ellos. En ambos casos, uno, cualquiera, se pregunta el por qué de esto. Mientras unos no razonan más allá y los ven, sin más dilación, como delincuentes repugnantes a los que hay que ajusticiar como en tiempos y lugares en los que imperan la ley de la fuerza física sin juicio alguno. Otros, quieren ir más allá y tratar de comprender este problema y buscar soluciones para evitar lo más posible este problema, hablando con los sujetos e investigando el entorno social y mediático, para llegar a conclusiones que la gente no acepta porque lo ve como “normal”, por ejemplo, el excesivo y continuo recurso del sexo explícito e implícito, a través de los medios de comunicación, venidos de personas, colectivos, empresas y asociaciones de peso ó influencia socia actual, en los que, al parecer, para ellos no hay otro “amor” que el sexo, ó que eso que llaman “amor”, que en definitiva, se refieren al sexo, con razón lo atribuyen a la exclusividad del adulto. Otro origen de confusión fuera de los medios, pueden ser, personas ó asociaciones los cuales, por medio de folletos, como los que reparte (ó repartía) un señor disfrazado de “muerte” en el Rastro de Madrid y en el cual hacía referencia sospechosa a la vida “sexual” de los adultos “desde que son niños”. Por supuesto, sin olvidar el mal llevar de alguna frustración de los adultos en cuestión, que les impulsa a tener ese comportamiento de tratar de conseguir esas experiencias que, de alguna manera, les satisfaga ese “vacío” ó esa frustración, pero, al no ver satisfecho la experiencia ó experiencias que quieran tener, pues, reinciden una y otra vez, hasta que terminan cayendo en manos de la muchedumbre y el de la Justicia.
Sin embargo, son pocas personas las cuales aportan su saber y su paciencia para intentar hacer ver a esas personas que se están equivocando y haciendo daño a personas que no comparten con ellos su modo de “amar”, primero, por la edad (no pueden comprender ni sentir el amor sexual, por lo menos hasta la adolescencia), segundo, por el tema de la homosexualidad, las víctimas no se plantean esa cuestión en la infancia, lógicamente, y tercero, por la voluntad; aunque se tratara de un / una adolescente, habría que haber atracción y acuerdo mutuo, no fuerza ni obligación ni grabación alguna. Además, hay que ofrecerles alternativas a esos descontrolados impulsos. En definitiva, que se está llevando muy mal este asunto por parte tanto de la sociedad, como por parte de los medios y de las instituciones públicas y privadas, porque, del modo en que se está tratando, ya sea por ideología, creencias religiosas ó por miedos ocultos y explícitos, nunca se va atajar este problema, al contrario, habrá más y más. No se trata de jugar a “adultos” ni a justicieros, ni a continuar creyendo que el amor es sólo física, biología, psicología, ni sexo, ni terapias, ni potenciadores del sexo, se trata, de aceptar que los modelos de vida y sus tópicos en los que vive la humanidad, simplemente, están equivocados y están produciendo constantemente todo tipo de problemas, a veces ya desbordantes. Pues, habrá que plantearse de nuevo nuestros cimientos mentales para comprender lo que está ocurriendo y poder resolver ésta como cualquiera otra consecuencia negativa ó desastrosa de nuestra civilización
Juancarlos GE
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