Se le encontraba en la estación de autobuses y cerca de donde residía yo la última vez, antes de irme de esta ciudad. Era un chico que por su aspecto podría pasar por un ladrón, drogadicto ó violador, que es lo que solemos pensar de cualquier persona de aspecto igual ó similar. Pedía dinero para él y para su embarazada compañera, para hacer un viaje y comida para ella. Una vez, pidiéndome dinero a mí, hizo amistad conmigo, otro día me confesó a mí, como a alguna persona más, que tiene una burbuja en el corazón y no quería que su compañera lo supiera. La madre de él reside cerca de allí con una mísera pensión. Lo padres de ella, quienes residen en no recuerdo qué pueblo de Andalucía, no querían verle a él ni cerca de ella. La última vez que le vi a él y a su compañera, me dieron, pese a mis negativas, unas galletas y una botella de agua que les habían dado, entre otras cosas, en un supermercado. Le propuse que me buscase alumnos para enseñarles Internet, quienes pagasen dos euros la hora, uno para él y el otro para mí, quedamos en vernos al cabo de una semana, no lo volví a ver.
Juancarlos GE
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