(Entrevista a un ex-funcionario afectado por una especie de "mooving" laboral)
--La segunda vez (1) que me indicaron que debía ir a determinado psicólogo del ayuntamiento, después de que mis tan amables ex-compañeras, ex-compañeros y ex-director del centro, ya me hubiesen dado la gran puñalada trapera y por la espalda, me confesó que un día una paciente le había denunciado por supuesto abuso sexual porque él le quería explorar los senos, por un problema de salud de ella. Pero, a diferencia de las acusaciones traicioneras y explícitamente perversas de todo tipo, vertidas sobre mí por aquellos, es, que el “profesional” tiene amigos, la antigüedad laboral y la confianza y el “reconocimiento” de sus superiores. Mientras yo, tenía que buscarme desesperadamente un abogado que hiciera frente a esa gente, apoyados ellos, por sus superiores del ayuntamiento y por sus concejales.
Mientras, yo tuve que darme de baja por depresión después de la injustísima y muy humillante suspensión de empleo y sueldo de seis meses, para que no me prorrogasen dicha injusticia, más el daño social, económico, personal, etc. etc. que me causaron los terroristas de la política municipal y el lame-culismo funcionarial, el mencionado psicólogo y demás gentes afines, continuaron con sus vidas como si nada les hubiera ocurrido a ellos con respecto a sus pacientes ó usuarios (ó “público”, como prefiere llamarlo el ex-director).
Causas las cuales, tiene que ver más con las paranoias mentales en las que reside esa gente, que la realidad de unos hechos y dichos que ni existieron ni hubo intención de que se hiciesen ó dijesen. Ninguna de las acusaciones relacionadas con un gran abanico ó espectro de “anormalidades” comportamentales e intencionales tienen parecido alguno con la realidad.
(1) La primera vez, que el ex-director del centro me dijese que fuese al psicólogo, fue a los pocos días de incorporarme al puesto. Según él, era “normal” la cita, porque así lo hacían los demás funcionarios. Para realizar uno de tantos exámenes psicotécnicos, que uno tiene que hacer a lo largo de su vida para acceder casi a cualquier cosa (empleos, cursos, etc.) y después que el ex-director me convocase el primer día a su despacho, para preguntarme “¿de qué nos conocemos?”, “¿en qué colegio has estudiado?”.
Un día y medio antes de la incorporación al puesto, dos policías de paisano me registraron de arriba abajo, para buscarme supuesta droga, en una habitación de la estación de autobuses, al llegar desde Madrid, donde residía en albergues para sin-techo y asistiendo a un curso de creación de empresa, hasta que me llamaron –por el móvil antiguo- del ayuntamiento para ofrecerme el puesto.
Así funciona la “democracia” y el “estado de derecho”; con necios espantajos como el funcionariado y sus políticos.--
El biciclante entrevistador

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