Aparte de lo mucho que se ha escrito y verbalizado sobre el carácter de los españoles, está mis propias observaciones; Hace algún tiempo, alguien me comentó que cuando una chica de no recuerdo qué país, escuchaba a un español que se dirigía a ella, ésta echó a llorar, porque creyó que él la estaba broncando. Yo mismo, lo paso mal cada vez que alguien cerca de mi, está hablando con alguien ó ríe, pues, presiento que está predispuesto a entrar en discusión ó para enzarzarse en pelea física, por cualquier mínimo motivo que le haga sentirse "ofendido" ó contrariado, cuando no es sólo estar en permanente estado de mofarse del prójimo, por cualquier detalle aspectual ó comportamental que le parezca "ridículo" ó "inferior", especialmente si se siente reforzado por sus amigos, familiares ó pareja. Sus risas, falsas, recuerdan al rebuzno de una cabra, a la expresión momentánea de una especie entre la cabra y el asno, además de reflejar malicia.
No, no digo esto para ó por ofender, sino, para reflexionar y advertir en qué monotonía desagradable y a veces peligrosa cae la juventud y la ya no tan juventud. Pues, una cosa es la broma ó el carácter de broma de algún personaje y otra es tomarlo como una costumbre y un signo de advertencia de que te acercas a su terreno. Aunque también son, con mayor y habitual frecuencia, herencias de una mentalidad antigua, supremacista y machista, que viene desde muy lejos en el pasado español y que se han tomado ya como una tradición que se transmite de padres a hijos.
Por esto, muchas veces trato de evitar a gente que me encuentro por la calle y otras veces tengo que aguantarlos y esperar que pase el oscuro nubarrón, que se marchen ya cansados de dar (#), para respirar tranquilo,... hasta el próximo peligro.
El caminante que va esquivando los peligros

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