Después de salir de una entrevista en la que alarmaba a los espectadores acerca del peligro que corre cualquier persona, es especial, niños, en manos de supuesta gente "mala", "desconocida" que se acercaba, hacía ó decía algo a un niño ó niña para violarla ó secuestrarle, el actor y periodista, tuvo la imprudencia de decirle "hola" a un niño, a la vez que le guiñaba el ojo, su madre se dio cuenta y se dirigió al hombre para amenazarle de que dejara a su hijo en paz si no quería que llamase a la policía, el hombre trató de excusarse y de explicar que tan sólo era un acto de simpatía hacia ese niño. Cerca había un hombre más grande y con fácil tendencia a la violencia, oyó lo que ocurría y fue en busca del hombre para amenazarle de darle una paliza y de llamar a sus amigos para ayudarle en la paliza. El actor y periodista, entre amenazas, empujones y amagos de agresión del otro hombre y las alabanzas de la madre del niño hacia el agresor, no tubo otra alternativa que salir corriendo de aquel lugar y, paradójicamente, escapar de la policía. Una vez a salvo de ese absurdo atolladero, el entrevistado se preguntaba una y otra vez por que le había ocurrido tal semejante situación si él no era de los que él mismo mencionaba en su entrevista, es decir, "cualquier persona (podía ser un depravado sexual)" en este caso, le había tocado a él ser el supuesto "mal intencionado hombre" (a los ojos de aquella señora y aquel prepotente hombre) .
Entonces se dio cuenta de que él había sido víctima de esa misma desconfianza que horas ó minutos antes había fomentado ó agitado en la gente a través de un medio de comunicación, como otros lo están haciendo antes y después de esa entrevista y en todos los medios de informativos.
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Paradojas de la vida; te das de listo por la vida señalando a "los demás" y éstos desconfían de ti, porque tú eres "los demás" para ellos.
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