Caminaba yo por las aragonesas tierras de la sierra de Gudar, con un grupo de senderismo, cuando me di cuenta que me había quedado tan atrás que me encontré extraviado. Al llegar a un lugar donde había dos opciones de caminos, opté por uno rodeado de árboles. Pocos metros recorridos, me encontré con una chica joven, sentada al borde del camino, leyendo un libro, junto a un perro. Me acerqué a ella para preguntarla por el camino correcto y me lo indicó. Conversamos un poco, sentados, ella me habló de que residía eventualmente en una casa de un pueblo, ceca de ahí y el libro que estaba leyendo era de los hombres lobo ó algo relacionado con la luna llena. Ese día hacía luna llena. Después de varios minutos en los que no nos atrevíamos mucho a hablarnos, decidió que ya era hora de marcharse a su casa, antes de que la tarde dejara paso al anochecer. Nos despedimos y continué por el otro camino. Donde, al llegar al pueblo, tuve que solicitar ayuda a la guardia civil, el cual, tras ponerse contacto primero con una guía que respondió que yo era mayorcito para regresar a casa (en Valencia), después vino una compañera a recogerme. Antes, tuve que firmar sobre un cuaderno donde se reconocía la labor de la Guardia Civil en este tipo de eventualidades.
Suscribirse a:
Comentarios de la entrada (Atom)

No hay comentarios.:
Publicar un comentario