Regresaba yo a casa por tren, con algo de equipaje, cuando se sentó una joven de rostro y comportamiento misterioso, en el asiento simétricamente oblicuo al mío. La ignoraba aunque percibiendo en todo momento su presencia. En otra estación, un joven subió y se sentó en el asiento de mi lado y frente a ella, me clavaba su codo en mi costado, mientras leía él algo, aunque a este detalle no le daba yo importancia. Cuando ella se fue a la puerta de la salida, yo la observaba, con extrañeza, a través del reflejo de la ventana adjunta a mi asiento, entonces, el mencionado individuo que se sentaba a mi lado derecho, que también miraba hacia la misma ventana, exclamó con un no-vocalizado; "¡ahá!...", ó "¡Mhm'!", sin dejar de mirarla, yo le miré y volví la vista hacia ella, para demostrarle que no me intimidaba. Como interpreté de esa exclamación que se refería a mí, tuve la intención de cambiarme de asiento, pero, debido a lo molesto de mi equipaje, preferí quedarme en mi asiento, sin apartar mi vista hacia la salida, donde ella se situaba, aunque marcando más mi expresión de extrañeza, debido a la intromisión del otro viajero, quien no expresó nada más ni a quien dije yo nada, para evitar más enredo de la situación.
Ella salió del tren y poco después, le tocó el turno al misterioso individuo del "ahá!
Indignado yo, porque me sentía intimidado, como tantas otras veces, esperé a mi estación, para regresar después en el autobús a mi entonces residencia provisional, muy cansado y, ahora también, preocupado por esa extraña eventualidad en el tren y causa de mis posteriores pensares para intentar llegar a alguna conclusión lógica ó benefacta.
El biciclante viajero.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario