Si la ventana del dormitorio está frente al del dormitorio del vecino de la puerta de enfrente y la escalera está a un lado, entre ambas ventanas y es el primer piso, tienes que cerrar la ventana para que no te despierten los vozarrones ó vocones vecinos de la noche subiendo ó pululando por ahí, ni los de la mañana con sus portazos y bajando las escaleras hincando los tacones y tosiendo. Como hincando los tacones, para aquí y para allá, se pasaba la vecina de arriba en otra vivienda. Y qué decir de la vecina que sale de su vivienda para gritarte que no rompas la escalera, por subir con el carro de la compra y su amiga vecina que te lo recuerda en la calle y el amigo de la una y marido de la última, que es el presidente de la escalera, con su carácter de perro mordedor, que te amenaza y te acusa directamente a ti, para que le pagues la reparación de la luz de la escalera, que se estropeó el día anterior al que le sugeriste que, de paso que vienen a arreglar la luz, pues, que alargasen el tiempo de luz para llegue a tiempo a los que residís arriba y todo esto por ser un recién llegado a esta vecindad. Por no hablar de la empresa de fabricación de yesos con la que te tocó vivir cuando residías en la planta baja de una casita de dos plantas, con una máquina haciendo tal escándalo, en el local de al lado, que podría tumbar, en cualquier momento, la pared que os separa la vivienda del local de la empresa y el camión de la misma, justo ante tu puerta de entrada a la vivienda, metiendo su monóxido de carbono hacia dentro, durante un quince ó treinta minutos y tu tienes que levantarte e irte hacia el fondo de la vivienda para no respirarlo. No digamos de los que eran tus vecinos de confianza, prestando las herramientas al pirata de casas y sus adeptos, que se te colaron después de engañarte y te desplazaron al paellero, para que, impunemente, “arreglen” tu casa, la que pagas mes a mes de hipoteca, a su gusto y, cuando consigues echarlos fuera, tiene que recorrer a los tres perros que un vecino amigo tuyo ha abandonado por problemas en su chalet, para luego encontrar al primer perro muerto por envenenamiento seguramente por comer uvas de no se sabe qué campo, al otro consigues levártelo a otra vivienda, pero no encuentras ya a la perra porque otro vecino ha llamado a la perrera para que no le molestase a su perro con los ladridos. Y, finalmente, y sin ánimo de continuar con esta ardua narración, tener que denunciar a la vecina de la lado –en otra vivienda- por mantener atado, como te confesó ella y viéndolo desde tu terraza, a su gato, durante nueve años, aunque, antes de irte de ésta, ya andaba suelto el gato, aunque amenazando a los tuyos, para que no anden por los tejados cercanos a su hogar.
Juancarlos G.E.
Recompensa mi creatividad y aportación social: ccc: 14910001/29/0010001564 (Triodos B.) Juan G.E.
05 noviembre, 2007
vecindades
Etiquetas:
5-ORIGINALES,
6-narrativo,
anecdotario,
literario,
mi yo narrativo,
personal,
sociedad e individuo,
vivienda
Suscribirse a:
Comentarios de la entrada (Atom)

No hay comentarios.:
Publicar un comentario