Cada vez que salgo de casa, me pongo malo al ver rostros, aspectos y comportamientos de odios, de prepotencia, de fácil disponibilidad a agredir, a imponer por la fuerza a alguien sus criterios, ideas ó sus razones, pero también su disponibilidad de delinquir, unos y unas, para agredir físicamente ó verbalmente, otros para robarte ó atracarte y, si fuese mujer, quizá me sentiría en constante peligro de violación y rapto, por lo que quizá sea esto –aparte de mi condición de persona de baja estatura y de "desconocido"-, por lo que uno no puede intentar ni mirar, ya, a una fémina, pues, su reacción y la de terceros, como la de cualquier macho por cualquier otra razón, es la de actitud de preataque ó de ignorar mi presencia, como acto de menos precio al diferente ó al "inferior", ó como acto de autodefensa ó esquivo por no-sé-sabe-qué-motivo. Valencia, pues, como presupongo que pueda ocurrir -y ocurre- en cualquier otro municipio, provincia ó región de España, huele a marcialismo y delincuencia permanente. Posiblemente ponga en todo esto mi actitud de moral baja y decepcionada de tantos años de verme agredido, calumniado, engañado, zancadilleado y demás calamidades (tanto por parte de particulares, como por parte de empresas e instituciones), a lo largo de casi toda mi vida hasta ahora, pero, precisamente todo esto, es, al mismo tiempo, la prueba de mi observación. De una observación que me lleva a la conclusión de sálvese quien pueda y como pueda, en la que contemplo la posibilidad de aislarme física y mentalmente en casa ó en algún lugar geográfico, donde pueda sentir seguridad y paz, ya que no puedo tenerlo con mi propia especie, la cual está cada vez más programada para entrar en conflicto por cosas cada vez más absurdas, venga de donde venga la confusión y la ignorancia. Aislarme, pues, aunque tenga que renunciar al progreso, el cual, al fin y al cabo, no es otra cosa que una mera herramienta para "facilitar" la vida a nuestra especie.
Juancarlos G. E.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario