En un tiempo en el que el gobierno de Franco comenzaba a extinguirse, había tres tipos de profesores: los que les gustaba castigar y tenían una peculiar forma de enseñar y resolver conflictos entre alumnos; otros, los que soltaban no-sé-que-royo y se dormían y los que ya comenzaban a traer novedades de forma de enseñar y material de enseñanza diferente a las de tiempos pasados, con los que lograban atraer el interés de los alumnos.
De entre mis recuerdos con esos profesores diré que en un primer* curso de E.G.B.* , cuando mi hermano S. y yo éramos (forzosamente) inseparables, el prime día castigó a él y, por simpatía*, a mí, como consecuencia de que él, mi hermano, hablaba ó le hacían hablar los compañeros de mesa, castigados de cara a la pared y con los brazos en cruz. Tan mal me sentó esa injusticia que desde entonces recuerdo a ese individuo, quien, por contra, enseñaba los días de la semana en francés con cierta gracia. Y, por supuesto, había que rezar antes y después de la clase. También, resolvía la disputa de un cromo que un ex compañero me había robado, rompiéndolo en dos.
(*1: antes estuve en otros colegios, en Valencia, este en cuestión era en Madrid. 2: Educación General Básica. 3: efecto que se produce en alguien ó algo al ejerce una acción contra otro objeto, animal ó persona)
Juan G.E.
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