De entre las cosas que me gustaría solicitar a una persona predispuesta a ayudarme y con dinero e influencias, sería algo tan estrambótico como recuperar a mis gatos perdidos en cuatro lugares diferentes, tres en los que he residido y una protectora de animales.
Siempre hay algún tonto ó tonta que quisiera regalarme gatos para reemplazar a los perdidos y para que no me sienta “sólo”. Con respecto a lo primero; ¿a caso los padres aceptan otros niños ó hijos para “reemplazar” al hueco producido por los hijos perdidos? ¡no!, ¿verdad?, pues lo mismo ocurre (salvo excepciones infantilescas) con los dueños de sus propios animales, les parece ofensivo que alguien les ofrezca otro u otros animales para que vuelvan a ser “felices”, como si se trataran de juguetes. Y es que los sicólogos, biólogos, antropólogos y otros del clan del “reemplazo” no recuerdan -ni pueden hacerlo- que (algunos de) ellos / ellas sintieron algo de responsabilidad y cariño especial con respecto a alguien concreto ó a algún animal que recogieron de la calle ó se lo encomendaron por parte de otra persona, para que lo cuidasen.
Con respecto a sentirse “sólo”, ¡no!, miren ustedes, uno (yo) no tiene animales para sentirse acompañado, se tiene animales por circunstancias imprevistas de sentirse responsable sobre la suerte que puedan correr ellos, una vez encontrados, abandonados (mi desaparecido perro) ó en precarias y peligrosas condiciones (como los gatos que fui adoptando).
Así pues, menos sicología barata, repetitiva, compadecista, reprochona y pastillera y más alma, más uno mismo, más sentimiento y consciencia, más amor y paz, más solidaridad sincera.
Juancarlos G.E. (V-E)
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10 septiembre, 2007
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