Bien sabido lo tienen los periodistas, los políticos y, en general, toda la gente que hace algo de cara al público ó para el público, el tener que medir las palabras que utilizan para comunicar algo. Por ejemplo; si dicen “A” no queriendo decir otra cosa que “A=A”, la cada vez más enferma sociedad receptora -que se auto impone una especie de dictadura mental, como consecuencia de los temas de actualidad, en vez de ponerse a resolver los problemas comenzando por ellos mismos- ha querido interpretar “Z=nº…”, correspondiente a un determinado asunto conocido por esta sociedad (conjunto de individuos que interactúan entre ellos), entonces, los emisores de dicha palabra ó palabras, tienen que rectificar si antes la chusma no le ha condenado a la hoguera ó le ha invitado, a través de sus representantes, a que se tome un vaso con cicuta (veneno) para dar punto final a este asunto y, “a otra cosa, mariposa” (a seguir viviendo como si nada ocurriera ó haya ocurrido). Peor lo tiene si el que ha lanzado dicha palabra a través de Internet, no tiene influencia sobre nadie ni poder económico ni de otra especie, para apaciguar los ánimos y se ve, sutilmente ó subliminalmente, acorralado, de modo que ni siquiera le dejan encontrar una solución a un asunto urgente y apremiante que le esté ocurriendo en su vida doméstica.
Juancarlos G.E.
18 enero, 2007
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