Cada día, los supermercados de una ciudad como Valencia, tiran a los contenedores de basura entre tres y diez productos diarios de alimentación y entre uno, cinco y hasta veinte unidades de cada uno de estos productos en perfecto estado, haya ó no caducado según la fecha de caducidad impresa en los envases, esta fecha no significa que al día siguiente ya esté estropeado, lo que estropea al producto es su propio proceso natural de putrefacción, tanto más si el producto no está refrigerado ó conservado en su ambiente aconsejado, lo que hace el fabricante ó el productor antes de poner la fecha de caducidad es calcular a partir de qué fecha es cada vez menos conveniente consumir el producto. Además, se tiran miles de botellas de agua, muchas sin estrenar y otras a medio consumir. Mientras esto ocurre en países desarrollados como el nuestro, millones de personas mueren cada año por malnutrición, enfermedades curables y prevenibles, por beber agua contaminada ó por catástrofes naturales, sociales ó ecológicas de las que somos cómplices en los países desarrollados, con nuestro voraz y ciego consumo y producción, directa ó indirectamente.
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